Gabriela:
Voy a homenajear el tono de tu libro, Yo nena, yo princesa * con éste texto para compartirte el sabor que dejó en mí tus relatos acerca de Luana, el de su familia, el tuyo. Hermosa la forma: una carta. Bella y conmovedora carta dirigida a ella, principalmente, y al entorno que la rodeó desde su nacimiento: su familia (que además escribieron sus propias cartas).
Aunque no sólo a ellxs: es un relato colectivo que no pierde su carácter de intimista, de vivencias vueltas aprendizaje, no narradas desde un pedestal de sabiduría y soberbia, sino, por el contrario, destinado a compartir una determinada situación considerada diferente en la que no estamos formades (o formateades) por las instituciones estandarizadoras de los sentimientos y las conductas. Y, de esta manera, contribuye a repensar nuestras prácticas en relación con, sobre todo, les niñes. Nos insta a pensar en la importancia de escuchar a otros seres en sus deseos, en sus anhelos, a convertirnos en compañeres de viaje y no verdugos de sus sueños, por nuestros propios miedos.
No tengo mucho más que agregar a ésta breve epístola, salvo que agradecerles el darme la posibilidad de reflexionar sobre cuestiones que quizás no hubiera llegado a pensar con tanta claridad.
Y es así, con este texto, que es la manera en la que me siento más cómodo para expresar, reafirmo mi compromiso de redoblar mi esfuerzo y mi militancia por una sociedad más diversa, justa e igualitaria.
Infancia felices, respetada y, por ello, LIBRES
Ariel Sebastián Borgna
La Plata, 9 de mayo de 2019
[PD: El libro lo leí y ésta carta la escribí en enero del 2017. Poco tiempo. Muchos cambios que vimos materializarse y pudimos compartir distintos escenarios de lucha. Hoy me animé a publicarla ]
* El libro que motiva éste escrito se cita así: Mansilla, Gabriela. (2014). Yo nena, yo princesa: Luana la niña que eligió su propio
nombre. Los Polvorines: Universidad Nacional de General Sarmiento.