Un género dialogando de otros o, mejor, de una sutil sutura de distintos géneros, estilos y tonos. La obra de teatro El Cirujano (adaptación y dirección general de Manuel Vignau) no sólo cuenta una historia, sino también la rearma, la recupera quirúrgicamente, como se recupera la cara de Ana, la protagonista en el sentido más amplio del término, después de un accidente. Y así empieza la obra, explicitando el nudo de ella misma: un cirujano restablece una historia, desde su mirada, desde su saber.
Pre quirúrgico
Como hecho artístico la obra comienza antes del contacto físico con la sala de teatro. Y aquí los primeros indicios de su carácter heterogéneo: la difusión de una noticia periodística sobre un hecho policial:
Intervención
Aquí empieza las suturas del tiempo y lo géneros: un escenario dúctil que se adapta a la acción del momento, ausencias y presencias, voz en off, sombras proyectadas en trasparencias, videos de seguridad que apoyan a la etiqueta original #inseguridad, sucesos y momentos que son recontados, vueltos a significarse a medida que se va reconstruyendo la historia, de Ana, del Cirujano, de los dos; pero no es la historia del asesinato: el asesinato es una escusa para contar una tragedia de amor, nunca se explicita los motivos reales del homicidio, que termina siendo una anécdota
Las aparentes casualidades, que se convierten en causalidades. Los personajes secundarios que acompañan a los principales, motores de la continuidad de la obra y voces que impulsan a la acción (por ejemplo incitando al viaje cada cual desde su relación con los personajes principales) y ponen en eje miedos, pasatiempos ocultos o anécdotas que no se quieren repetir. Como ayudantes e instrumentadores en una operación, pero con dificultades para poner en palabras los resultados: ya sea de la intervención propiamente como del homicidio. Y el final se verá por un video irrumpiendo en el escenario: Ana hamacándose en otro lugar.
Postoperatorio
Ésta reseña.
Ariel Sebastian Borgna, espectador.
