sábado, 12 de septiembre de 2020

8784 (ocho mil setencientos ocenta y cuatro)

Una hora, sesenta minutos, tres mil seiscientos segundos. Poco para algunas cosas, mucho para otras.


Ese tiempo no me alcanza para:

- Tener una deliciosa cena con amigues

- Disfrutar de una puesta de sol

- Saciarme del color de tu piel

- Acariciarte la espalda como yo quiero

- Disfrutar de una fiesta

- Ver una película

- Llegar a Mar del Plata en colectivo

- Fumar un atado entero de puchos

- Olvidarme de vos


Pero me alcanza para: 

- Enamorarme de alguien

- Hacer el amor

- Dormir para poder ir a trabajar después de una noche de alcohol

- Esperar un colectivo sin irritarme

- Convencer a alguien para que venga a dormir conmigo

- Emborracharme

- Enterarme de que alguien me ama

- Enterarme de que alguien no me ama

- Llorar escuchando varios temas

- Llegar a Mar del Plata en avión

- Hablar por teléfono

- Salir del trabajo y soñar con encontrarte

- Estar listo para una fiesta

- Redireccionar hacia algún destino alcoholizado, la noche pensada para dormir

 

Teniendo en cuenta todo lo anterior

yo las presto

pero devuélvanmela

la necesito para lo que me alcanza y para lo que no me alcanza también

 

domingo, 23 de agosto de 2020

Algo extrañado ...

Escribo así, lleno de tierra en los pies y en la cara. Polvos de muchos colores que me invaden desde adentro.
Casi vuelo, rasante. Alto.

Paro un rato y corrijo.
No me convence esto: lo pienso saliendo y no sé si aún lo entiendo.

Vuelvo a parar en un rato.

Ahora lo miro de nuevo, un poco más atento. Pienso en otros formatos, pienso en otros momentos de este fluir de voces, mecanismos gráficos y gramaticales de memoria.

Me vuelvo a distraer.

Quiero empezar a ver cuando va a ser bueno terminar. Mientras vivo otras vidas, otros alientos, otros gritos.
Busco la manera de ocultar lo que nadie sabe y lo cifro, lo disfrazo de algo poético.
Y a la vez me voy a otro lugar. Navego de muchas formas: literalmente, virtualmente, mentalmente. Mente, mente e insistentemente mente.
Las comillas me molestan y las tiro en algún lugar que desaparezcan que no se puedan encontrar: " sin cuerpo no hay crimen"

Otra distracción. 

Vuelvo.

Y vuelvo a revisar. Y pienso todo en plural. Y considero no modificar lo que emerja. Así, con conjuntos inconexos y que contradigan los principios que hasta poco tiempo eran más rígidos, antes de poner los pies en esa tierra. Blanca y calidad quema.
Y por esto último decido poner un punto final para ésta decisión irreverente, jugando a no tener condiciones prefijadas.
Un poco de ilusión.

Ansias por la luz, que lo destruye y lo construye.

Sigo poniéndome extraño, me desconozco. Me veo de afuera, de algún lugar no muy lejano.
Por suerte se va ir, me voy a ir. Y no me preocupa otra mirada: ni por miedos ni por impedir la fuga.

Vuelvo. 

Doy vuelta la página, dejando algunas ocultas a las miradas reorientadas, ávidas de la velocidad, ávidas de llegar a la conclusión.
Me mareo en la creación del laberinto. 

Lo único que codicio es no convertirlo en un zing-zag más del camino, de la ruta que muchas veces pretendí  afrontar pero no encontraba el empujón propio que me saque del borde.

Entonces empiezo a caminar. En sandalias, creo. O descalzo. O no importa. Hasta la próxima página o hasta en nuestros próximos encuentros. O hasta nuestras mutaciones.
Todo en una misma nota.

sábado, 1 de agosto de 2020

Año Uno D.N. (después de Nosotros)

... y recordando eso: el vértigo y la emoción del (re) encuentro.
    El ambiente era el mismo para las dos, indefinido, para los dos, pero el mismo, para los dos. Pero el tiempo también era el mismo cronológicamente, aunque no había sido igual para los dos. Fuimos creando y creándonos.
    Y nos seguimos creando ...
    A veces me fijo en pequeños detalles y con absoluta certeza no lo demando. Me gusta revivir como en un video cada instante compartido, cada gesto, nuestras canciones, tu sonrisa.
   Y te creo en cada una de mis palabras que no hacen más que delinear tu esencia con mi mirada.  Pero te aseguro, me aseguro que ahí estás.
    En cada mensaje, en cada reacción a mis acciones y a tus acciones. Cada roce de nuestros labios reinventándolos, como aquel capitulo escrito con otra perspectiva, pero que se amolda a lo que siento. Y lo que siento que sentimos.
    Y cada acto te reserva como espectador privilegiado, cada obra generada exhala necesidad de que la recibas, por eso estás.
    Tengo miles, millones de constalaciones que podrían, como en un cuadro puntillista dar una idea de los dos a la distancia. De cerca es sólo para nosotros dos. 
     El amor es profundo e indefinible. El nuestro más.
     Me quedo sin palabras o me quedo con todas para rociarte con ella en cada encuentro, que no logro determinar si son esporádicos por lo intensos o intensos por lo esporádicos. Y no importa.
    Las huellas no se elijen. Pero la nuestras sabemos que están. Y nos permiten pensar en las futuras que vendrán.
  Te regalo este pequeño relato, por lo que somos juntos. Eso: juntos 
    

martes, 23 de junio de 2020

Tu remera

Intento ir a dormir

En ese momento,
recién en ese momento,
me doy cuenta que me quedé 
con tu remera 

Vos con la mía 

Solo nosotros sabemos y 
sabremos 
el motivo del enroque, 
el trueque 

Y ya no me puedo dormir

Y ya tengo tu remera 
y tengo tu perfume 
que me trae tu voz
y me trae tu sonrisa

Escribo para ver 
si puedo
vencer al insomnio,
al resto de nuestra noche
a nuestros cuerpos desnudos 
antes del cambio 

Al amor que me emanás ... 

Entonces me acuerdo 
que nos soñamos 
hace unos días 
No está claro si en Barcelona
o en Brasil (no es lo importante)

Yo recuerdo una kermés 

Y ahí, donde sea, 
los dos nos queríamos 
encontrar 
con angustia o miedo por la 
ausencia del otro, 
pero plenamente felices 
al encontrarnos

Vencedores,
inconveniente uno en el otro,
conscientemente
ternura delirante,
observándonos, sin creerlo,
rebozantes de amor, uno en el otro 

Por eso,
después de nombrarte,
encriptado,
encontrate

Yo me voy a dormir 
con tu remera cerca
para que su aroma 
(tu excitante aroma)
me arrulle
como si fuera tu mano
(tu agradable mano)
o tu boca
(tu apetitosa boca)
y me conduzcan   
a Brasil,
a Barcelona, 
o a la kermés,
juntos, 
de la mano,
con la dulzura del encuentro 
en la resaca  

lunes, 22 de junio de 2020

Silencioso azoramiento

Callamos porque a nuestros enojos no logramos coordinarlos.

Nos amamos desde dos torres de soberbia y estupidez construyendo en conjunto algo indescriptible, aunque contemplamos su crecimiento inertes, sin darnos posibilidad de acción ni advertir cómo nos pusimos en lugares enfrentados.

Era simple: quebrar el arrogante silencio.
Pero estaba el miedo de dejar al desnudo el deseo que nos latía y dejar de creer que seríamos vulnerables cuando podríamos ser felices.
La explosión de nuestro choque planetario nos dejó sin riendas, no podíamos conducirnos, pero pretendíamos doblar la ajena montura.

¿Y si intentáramos no privarnos de esos abrazos desnudos que se expanden en la adherencia de nuestra pieles? No privarnos de las miradas intensamente eternas en la que sabemos que cada uno es el paraíso del otro, siempre coronando por un suspiro que sabe a "No lo puedo creer". No privarnos de fuegos en mi patio, de las cervezas en la plaza que se inician con promesas de mates, de bebidas y locuras varias esperando que el cielo aclare sin dormir, sin dormirnos.
No privarme de tus cataratas, ni yo de mis glaciares. Y seguir nadando en los museos de agua.

Hablamos el mismo idioma, con distinto tono, la misma palabra emergiendo de cada una de nuestras boca con un eco diferente y así llegando y retumbando en la cuenca del oído del otro, distinto.

Pero en ése devenir de circunstancias nos quedaron momentos de amores intensos, amor del encuentro, del mirarnos a los ojos, sonreír y seguir repitiendo como un mantra "¿Qué vamos a hacer con todo ésto?": incertidumbre que creo yo aún no tiene respuesta (y deseo tampoco un final).

Las cenizas de la mañana son la evidencia de que hubo fuego durante la noche

sábado, 13 de junio de 2020

Juan Ivarez [Escritos encontrados]

    Aquí no empieza Juan Ivarez.

    Nació tiempo atrás, de un amor profundo, agrietado, escindido.

     Juan Ivarez es un juego de palabras. Es el aire que corre entre la birome y el papel, entre los dedos y el teclado, entre las vocales paternas.

      Diría mejor, a la manera quijotesca, que aquí comienza sus andanzas. Comienza su ficción.

      De aquí en más, a través de un efímero espacio etéreo, late, se expande y sobre todo habla (escribe).

       Nací de un solo número, que es cielo y es tierra, me vi gestar. Nací con la combinación de dos personas que son la una para la otra: inspiración, de ahora y para siempre, y la escritura, para siempre desde (el mismo) ahora. Y con ese número parental voy a hacer malabares, para quizás alejarme de él, pero sin olvidar mi amor filial.

        Soy eso, puramente eso, no otra cosa. No busquen nada reflejado en lo que escribo, eso es exactamente lo que soy: lo que escribo.

        Difícil es tu ausencia, tu presencia es más fuerte. ¿Para qué escribir sino para excitarte el corazón?


viernes, 12 de junio de 2020

Diario de un viaje inolvidable [Escritos encontrados]

                                                                    Para Max, compañero de viaje y piloto de sus sueños

    Oda de la piña quemada

Brota de la espuma del mar,
mar espumante,
se acercó a la orilla,
orilla cercana,
se transformó en arena,
arena transformada,
se vistió de fuego,
fuego vestido.
voló a las estrellas,
estrellas voladoras.

Pero al fin salió,
detrás del mar,
detrás de la orilla,
detrás de las nubes,
detrás del fuego.

Con su eterna sonrisa
iluminó este aire,
esta orilla, este fuego,
este mar ... a mí.

Libélulas de un ala
revolotean sobre mí,
sobre lo que ahora soy
un montón de cenizas.


    Noche de muelle
Sentado en el muelle,
oscura noche,
la silenciosa y eterna compañía
nos rodeaba.

Los vapores de miles de plantas
tomaban nuestras cabezas
y ya no estabamos,
pero estabamos más que nunca.
¿Dónde queda el cielo?
¿Sobre las montañas, bajo ellas?
Ahora lo tenemos preso
ya no es de nadie
(sólo nuestro)

Mientras el fuego consumía
las maderas muertas,
el suelo nos absorbía
(a nosotros)
y ya no nos dejó escapar.


    Chachín

El oxígeno entraba rápido,
casi con violencia,
y mi desacostumbrado cuerpo
sólo quería parar.

Y apareció

en medio de una gran marea verde,
ese celeste que inundó mi alma.

He visto cielos, mares y océanos;
pero nunca un color penetró tan profundo.

Ahora mientras mi cuerpo cae,
soy viento, que besa la cascada.



miércoles, 27 de mayo de 2020

Jugando para llegar al capítulo siete


           Todavía me ilumina el olor de esa mañana. Todavía me acuerdo el bostezo del cielo observado desde nuestros cuerpos sudados, satisfechos. Todavía disfruto la claridad de sus ojos llenos de tinta mirándome, con un delgado velo formado por su rebelde cabellera. 
            Lo que aún no recuerdo es porque elegí ese momento, ese preciso momento para regalarle lo más preciado que tuve en años. Porque, en un instante cobró sentido toda esa serie de letras negras impresas ya no en papel sino en mí, pero olvidadas. Olvidadas quizás porque era la primera vez que un cuerpo (su cuerpo) me las recitaba. Recuerdo, sí, la falta de pudor por mi desnudez, tantas veces disfrutada por nosotros. Fue automático, no en el sentido de algo hecho sin conciencia, sino porque mi deseo se adelanto a mi mente, a mi posibilidad de razonar consecuencias (como siempre me pasa). No existió duda. Sabía que había encontrado la razón de mi profunda emoción al leerlo por primera vez.
            Capitulo siete. Confieso que me cuesta escribir sobre esto. Deseo haber podido guardar esa sensación tan etérea en algo más corpóreo: eso me impulsa a escribirlo. Deseo abrir un frasco de vidrio e inundar los momentos en los que el dolor su ausencia me debilita las piernas y, como si fuera un calmante, repare el vacío de su sonrisa. Deseo inventar algo que me haga posible imprimir en secuencia la hermosa (hermosísima) transformación de su cara cuando cada palabra flotaban a su alrededor. 
            Recuerdo, olvido, todavía… ¿Es mucho no? Así fue, las emociones producidas en mí tanto tiempo atrás, cuando nada ni nadie me advirtió que nos íbamos a conocer, surgieron de pronto. Es increíble como un conjunto de manchas sobre un papel, de pronto tomaron forma frente a mí. Otra forma. Su forma. Cada juego de palabras, cada metáfora irrisoria, cada punto y cada coma se dibujaban perfectamente, dibujaban lo que sentía al momento de besarnos, al amarnos y al escucharnos. Entendí mucho más de nosotros. Eso me hace estar acá, convertido en esto, en esas manchas que, como un oráculo silencioso, me predijo muchos años antes esta mañana.
            Ahora un pedido, un ruego: que después de escuchar aquello pueda leer esto. Pero no para que salte hasta llegar al cielo sino para quedarse sobre él, con un pie levantado y los ojos cerrados; para sentir lo que sentía en ese momento en que disfrutaba lo que leía. Yo empecé a disfrutarlo después de escribir el primer deseo.

lunes, 20 de abril de 2020

Reescrito III

Un primer intento

No sé si es un sueño o un recuerdo estar ladeando las orillas de aquel río.
No solos.
Con el eco de una voz, ya conocida por mí, si creemos en la cronología del tiempo culturalmente impuesto.
Creo que es un sueño, no estoy seguro.
O un recuerdo.
Seguramente vos me vas a hacer acordar siempre cuando éstas palabras se fosilizaron, no sé si con la precisión decimal del nuestro cronómetro
Si te vuelvo a ver ... 

Igual, sigo mi camino, hacia algún lugar distinto, hacia algún lugar que aún no recorrimos, por lo menos juntos.

Sigo ...

miércoles, 8 de abril de 2020

¿Qué hora es? Poesía de otoño [Escritos encontrados]


Decidí toda esta semana comprarme el diario Página/12. Y no es que busque justificarme, pero me gusta mucho explayarme: toda esta semana trae un especial sobre “los 30 años”.Acabo de reafirmar algo que ya intuía: soy un aficionado a las fechas, cumpleaños, aniversarios, efemérides y demás. Continuamente recuerdo y contabilizo tiempo: hace 10 años que te conozco, hace 3 días me muero de ganas de hablar con vos, nos despedimos en el comienzo de la primavera de hace algunos años.

Me gusta pensar en forma de tiempo, de períodos casi precisos. Me gusta medir el tiempo que pasa entre un acontecimiento y otro de mi vida y las ajenas. El problema es cuando no puedo, pero eso es para analizar en terapia (si algún  me convencen y empiezo…).
Todo esto cruza mi mente mientras voy en el 92 a hacerme el análisis médico de la U.B.A. Análisis que hacen los ingresantes (en fin). Bueno, como decía iba rumbo a cumplir con mis demoradas obligaciones y, leyendo el mencionado diario, me entero de algo que, en un principio, no sé si me sorprende o lo encuentro más interesante que las caras de nostalgia onírica con las que comparto mi viaje. Hoy, 21 de Marzo (el año acá no importa) se conmemoran tres, cómo decirlo, conmemoraciones: el comienzo del OTOÑO, el DIA INTERNACIONALCONTRA TODA FORMA DE DISCRIMINACIÓN y el DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA.
De inmediato me di cuenta qué bueno que era esto. ¡Muchas hitos! En serio, son tres conmemoraciones que con distinta intensidad (por la cualidad de cada una) están presentes en mí vida: de la discriminación, sin palabras (no seamos cómplices de la discriminación); el otoño es mi estación favorita, para mi otoño es tomar mate con un débil sol que apenas te acaricia la poca piel descubierta por un buzo de hilo; y, modestamente, en algunos momentos esbozo algún que otro escuálido verso que me divierte llamar poesía (aunque me divierte más llamarme poeta).
O sea, son tres partes componentes de mi ser. Sí, no creo excederme al afirmar esto. ¡Aprovechen para conocerme! Quizás sea porque yo debería haber nacido para estas fechas, pero mi ansiedad para todo, hasta para nacer, me convirtió en sietemesino.
Pero en realidad hay algo que me generó más interés y es hacer malabares con las palabras pensando en la DISCRIMINACIÓN constante de la POESÍA al OTOÑO. ¿No se la esperaban, eh? Sé que me vuelvo insoportable jugando con las palabras, pero que se le va a hacer: en el imaginario popular (si existe algo así) lo amoroso, la poesía están asociados a la primavera, y el otoño, si bien no está cargado de odio como el invierno (viejo de barba blanca que nos tira rayos y nieve), es como una vejez tranquila, es apacible, como si nada se transformara, como si nada fuese a pasar. Es un período de descanso hasta que el frío del invierno nos cargue con su pesar. 
NO estoy de acuerdo con esto, o por lo menos mi historia de vida se empeña a demostrarme lo contrario.Por eso me pone absolutamente contento (sí, CONTENTO) que hoy se junten estas tres partes tan mías.

 Y ahora, permiso, es mi turno de sacarme sangre ...


Ariel Sebastián Borgna
21 de marzo del año que quieras

martes, 7 de abril de 2020

Estoy acá, escribiendo

Estar acá es un hecho individual.

Aunque para que exista un acá tiene que existir un allá y ambos se definen colectivamente Acá y allá son dos esferas de límites maleables que se dibujan en contacto.
Y no sé a quién o qué pedirle que me ayude: filosofía, sociología, literatura y otros montones de etcéteras

Tampoco sé si me importa tanto
o es un mero derrotero de palabras
queriendo desmoronar la brecha
entre el acá y el allá
aunque yo mismo ya no sé qué es

pero si, confío plenamente
en un puente

una grandiosa herramienta
aunque falible
y a su vez modificada en la edificación de ése vínculo
a pesar del empeño puesto en la colocación precisa
de cada piedra

Mientras tanto,
sigo acá (sea lo que sea)
escribiendo

sábado, 21 de marzo de 2020

Juanita [Escritos encontrados]

Estos humildes malabares de tinta, paridos no sólo en vos,
danzan al ritmo de mi dirección:
te dibujo, te formo, te creo.

Fruto perfecto de una burbuja metálica,
vientre que protege nuestras manos delineadas en una nueva trama andina.
Culturas amalgamadas por las fuerzas del Orinoco y el Paraná
recorren cada centímetro de tu venas, ahora cerradas, fuertes y soberanas.

Aún no te vemos pero ya sos en las voces maternas,
aún no te vemos pero ya sos en los ecos paternos,
dos visiones de resistencia a un único idioma imperante
forjadas al calor de un fuego milenario.

Miles de giros en las superficies de las tierras
te traen a mis brazos ávidos de tu perfume nuevo,
perfume que nos remite a un pasado profundamente familiar
a un tiempo anterior: antes de ser malabarista.

Tu tío, yo, te regalo estos sentimientos inermes,
vueltos a armar con otros gestos
para llenar de flores tus pasos en el mundo.

miércoles, 18 de marzo de 2020

¿Y adentro?

Anoche, desvelado, volví a ver por no sé que ésima vez, la película Out in the dark (traducida al español como Afuera, en la oscuridad): me dí cuenta por qué me gustó tanto y decidí escribir éstas palabras.
Empiezo diciendo que es una hermosa historia de dos chicos, palestino uno, israelí el otro, que se conocen e inician una relación. Sigo con que no lo llamo historia de amor romántico, ni una oda al amor en tiempos de guerra (amor que todo lo vence), ni hay un encuentro mágico en el cuál "sus ojos se cruzan y cupido los flecha". No hay un amor previo, eterno e incuestionable.
Es una historia, repito, de dos chicos se conocen, se desean, comienzan a construir una relación sexo afectiva impulsada por ése deseo, y el amor que va surgiendo del uno por el otro en medio de dudas, conflictos, discusiones, momentos de felicidad y de tensión.
Y mientras se conocen, que no es poco.
Una relación que constituye su atracción en lo vivencial lo cotidiano, sin ninguna ambición de erigirse como algo imperecedero e inabarcable: es un amor humano, real, consciente de su estructura impulsada en un halo terrenal, con errores, sin promesas sacralizadas, sin posesión ni dominio, sin heroísmo, sino, más bien, con entrega intensa para el bienestar y cuidado de la persona amada.
Hay, también, otros relatos, de guerra, muerte, venganzas; de distintas violencias por cuestiones raciales y de identidades sexuales que también se narran, nada que ya no nos hayan contado (por lo que las encuentro como anécdotas complementarias a lo que considero la trama principal)
Y, además, la dulzura en los diálogos y las miradas de los dos principales protagonistas embellecen el relato.
Muy, muy recomendable ...

[Película: Out in the dark (2012) - Director: Michael Mayer]

jueves, 12 de marzo de 2020

Fuego

El fuego transforma: nada vuelve a ser igual después de su paso.
El fuego ilumina y da calor: hipnotiza a la distancia.
El fuego se alimenta a gusto: crece y merma de acuerdo a quién le conduzca.
El fuego juega con metáforas: cuando parece que está apagado sigue ardiendo entre las cenizas.

El fuego danza con nosotros y de forma misteriosa nos une.

domingo, 8 de marzo de 2020

Veni, vidi neminem venci

Valorando nuestra
confluencia,
torpemente empiezo a escibirte, a escorderte en mi escritura:

Vocales
insigniifcancia explosiva entre tus
consonantes
titilante de luz
o
relucentientes, cegándome como tu alma

Y en ése mismo modo, la victoria te incluye,
te cubre
aunque la deseches
moviéndote, generando
olas que rompen en mis orillas

Tanto, tanto que voy a la narrativa, porque ya pude exorcisar mi amor en versos, victoriosamente pudimos convertirnos en palabras y trenzarnos en una eternidad que nos va a exceder, en una llama incandescente. No nos vamos a vencer, no vamos a torcer el camino, no vamos a forzar ningún final: vamos a recostarnos, uno al lado del otro, es ésa libreta que, en perspectiva, nos lleva al mismo punto de fuga.




jueves, 27 de febrero de 2020

Escritos encontrados I

Miro la esquina con el vidrio como mediador entre éste y el espacio que nombró repetidas veces, monótonamente, en distintas escenas de mi vida. 



Estoy, digo, observando y sobresalen rostros conocidos, rostros cuyos ojos alguna vez hicieron contacto, dialogaron.
Ahora pasan, y estoy en ese estado fantasmal: una total ausencia para los demás que batalla con una fuerza corporea intensa. 
Existe algo que me impide romper el trance.
No sé qué es
El tiempo pasa y me diluyo en fantasías de encuentros transitados sólo por mí.
Por eso escribo

viernes, 3 de enero de 2020

Me falta el título

Escribir siempre me ayuda (mi primer pensamiento fue "me salva" pero consideré desacertada la expresión). Buscar las palabras, pensar las oraciones, definir el tono en cada pincelada de metáforas y sonoridades, diseñar la estructura del texto para que pueda exteriorizar con la mayor fidelidad lo que siento y pienso.
Me ayuda.
Últimamente tenía olvidado éste juego que me propuse ya hace un tiempo (innecesario de mensurar).
Y no es catarsis: es un intento racional de definir lo emocional y, así mismo, un intento emocional de definir lo racional. Nada contradictorio aunque lo parezca.
Y no es catarsis, insisto: es extirpar un espina que opaca la plenitud posible y que lástima cada palabra mutándolas automáticamente en dagas que deshilachan los vínculos.

Y también me ayuda a hamacarme en el silencio cuando lo que no está en mis posibilidades cambiar fluya o se transforme...