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'Platero es suave, peludo; tan blando por fuera,
que se diría
que es todo de algodón, que no lleva huesos'
Está hablando
de una pija, boludo" (Le dice Clari a su hermano Manuel)
Días atrás me enteré del inminente estreno de una película argentina con un protagonista que me interpeló desde los primeros avances encontrados en la nube: Manuel. Sobre todo los sugestivos videos de Manuel con quien después sabremos es un antiguo profesor, Martín (que me hace una cosquilla con sabor a Pablo de un plan B bergeniano[i]) hacer nota al pie
Me enteré que Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el clóset se proyectaba en el cine de La Plata, mi lugar en el mundo, durante días a las 18 hrs. Excelente plan, pensé, después de más de un año de no poder disfrutar de este goce. Luego de algunas invitaciones sin efecto boomerang, partí solo a lo que, sin saberlo aún, se convertiría en mi encuentro con Manuel.
Llegué con el tiempo suficiente para informarme sobre la operativa postcuarentena, con la sensación de estar haciendo algo nuevo, con el temor de que algún error de procedimientos estropeé el momento tan ansiado. Sorteado con éxito todas las postas, estaba, con entrada en mano, en la puerta de la sala del Cine Municipal Select - Espacio INCAA La Plata, tan solo como había venido y con otra incertidumbre que me acompañaba en la espera: ¿Suspenderán la función o, mejor, iba a estar mi cuerpo, único, frente a la pantalla?. No pasó ni lo uno ni lo otro, aunque tomé la segunda opción como válida para todo el desarrollo de la película: sentí que se proyectaba para mí.
Y pasó. Me empecé a enamorar de Manuel y absorbió totalmente
mi atención: transpiré con su trote, me reí con sus chistes y sus torpezas,
bailé con su veneno, me alegré cuando rindió bien el examen, quise abrazarlo en
cada llanto, deseé ser yo la persona a la que le toque el timbre para
abrazarnos en una noche de amor, quería sentir sus abrazos apretándome porque
no quiere que me vaya, disfruté su dedicación al cocinar. Pero más allá de todo
eso, me sentí requerido como un testigo predilecto, un compañero de aventura,
un destinatario inexorable de lo que Manuel quiere contarnos.
Seguramente, después de esta declaración de amor, cualquier comentario será devaluado, pero era la manera en que quería contarlo. Mis reseñas son contadas desde mi percepción de la película, con todo lo que la palabra percepción pudiera implicar.
Con lo dicho, me permito expresar: es una película bella. Muy bella. Cuenta una historia como tantas, sin dramatización exagerada, sin crear héroes ni monstruos, sin pretender moralizar ni juzgar. Y su belleza se refuerza en el final: termina bien. Se resuelve. Es una gran historia de amores.
Hay dos componentes (la palabra tópico desentona con mi tono) que van a acompañar el desarrollo de la narración, sin ser centrales pero si importantes: los viajes y la intriga (en el sentido de lo no dicho). En este caso, los viajes son sólo parte del entramado dramático: no son esenciales para el desarrollo, simplemente son lugares que tienen que ver con las situaciones.
A la intriga
quiero dedicarle un párrafo aparte. Y cuando digo intriga quiero referirme a lo
que no está dicho. Tanto al público como a les propies personajes. Éste último
tiene que ir construyendo el esqueleto en el placard, les primeros al hijo gay
en el closet. Y así, transita cada cual en su intriga. Ese juego nos permite
disfrutar del final (a personajes y a público)
Película: Todos
tenemos un muerto en el placard o un hijo en el clóset (2021) de Nicolás
Teté. Protagonizada por Facundo Gambandé, María Fernanda Callejón, Diego De
Paula, Antonella Ferrari, Mateo Giuliani, Lucas Ferraro y Norma Argentina
[i] Plan B (2009) de Marco Berger.
Protagonizada por Manuel Vignau, Lucas Ferraro y Mercedes Quinteros