martes, 23 de junio de 2020

Tu remera

Intento ir a dormir

En ese momento,
recién en ese momento,
me doy cuenta que me quedé 
con tu remera 

Vos con la mía 

Solo nosotros sabemos y 
sabremos 
el motivo del enroque, 
el trueque 

Y ya no me puedo dormir

Y ya tengo tu remera 
y tengo tu perfume 
que me trae tu voz
y me trae tu sonrisa

Escribo para ver 
si puedo
vencer al insomnio,
al resto de nuestra noche
a nuestros cuerpos desnudos 
antes del cambio 

Al amor que me emanás ... 

Entonces me acuerdo 
que nos soñamos 
hace unos días 
No está claro si en Barcelona
o en Brasil (no es lo importante)

Yo recuerdo una kermés 

Y ahí, donde sea, 
los dos nos queríamos 
encontrar 
con angustia o miedo por la 
ausencia del otro, 
pero plenamente felices 
al encontrarnos

Vencedores,
inconveniente uno en el otro,
conscientemente
ternura delirante,
observándonos, sin creerlo,
rebozantes de amor, uno en el otro 

Por eso,
después de nombrarte,
encriptado,
encontrate

Yo me voy a dormir 
con tu remera cerca
para que su aroma 
(tu excitante aroma)
me arrulle
como si fuera tu mano
(tu agradable mano)
o tu boca
(tu apetitosa boca)
y me conduzcan   
a Brasil,
a Barcelona, 
o a la kermés,
juntos, 
de la mano,
con la dulzura del encuentro 
en la resaca  

lunes, 22 de junio de 2020

Silencioso azoramiento

Callamos porque a nuestros enojos no logramos coordinarlos.

Nos amamos desde dos torres de soberbia y estupidez construyendo en conjunto algo indescriptible, aunque contemplamos su crecimiento inertes, sin darnos posibilidad de acción ni advertir cómo nos pusimos en lugares enfrentados.

Era simple: quebrar el arrogante silencio.
Pero estaba el miedo de dejar al desnudo el deseo que nos latía y dejar de creer que seríamos vulnerables cuando podríamos ser felices.
La explosión de nuestro choque planetario nos dejó sin riendas, no podíamos conducirnos, pero pretendíamos doblar la ajena montura.

¿Y si intentáramos no privarnos de esos abrazos desnudos que se expanden en la adherencia de nuestra pieles? No privarnos de las miradas intensamente eternas en la que sabemos que cada uno es el paraíso del otro, siempre coronando por un suspiro que sabe a "No lo puedo creer". No privarnos de fuegos en mi patio, de las cervezas en la plaza que se inician con promesas de mates, de bebidas y locuras varias esperando que el cielo aclare sin dormir, sin dormirnos.
No privarme de tus cataratas, ni yo de mis glaciares. Y seguir nadando en los museos de agua.

Hablamos el mismo idioma, con distinto tono, la misma palabra emergiendo de cada una de nuestras boca con un eco diferente y así llegando y retumbando en la cuenca del oído del otro, distinto.

Pero en ése devenir de circunstancias nos quedaron momentos de amores intensos, amor del encuentro, del mirarnos a los ojos, sonreír y seguir repitiendo como un mantra "¿Qué vamos a hacer con todo ésto?": incertidumbre que creo yo aún no tiene respuesta (y deseo tampoco un final).

Las cenizas de la mañana son la evidencia de que hubo fuego durante la noche

sábado, 13 de junio de 2020

Juan Ivarez [Escritos encontrados]

    Aquí no empieza Juan Ivarez.

    Nació tiempo atrás, de un amor profundo, agrietado, escindido.

     Juan Ivarez es un juego de palabras. Es el aire que corre entre la birome y el papel, entre los dedos y el teclado, entre las vocales paternas.

      Diría mejor, a la manera quijotesca, que aquí comienza sus andanzas. Comienza su ficción.

      De aquí en más, a través de un efímero espacio etéreo, late, se expande y sobre todo habla (escribe).

       Nací de un solo número, que es cielo y es tierra, me vi gestar. Nací con la combinación de dos personas que son la una para la otra: inspiración, de ahora y para siempre, y la escritura, para siempre desde (el mismo) ahora. Y con ese número parental voy a hacer malabares, para quizás alejarme de él, pero sin olvidar mi amor filial.

        Soy eso, puramente eso, no otra cosa. No busquen nada reflejado en lo que escribo, eso es exactamente lo que soy: lo que escribo.

        Difícil es tu ausencia, tu presencia es más fuerte. ¿Para qué escribir sino para excitarte el corazón?


viernes, 12 de junio de 2020

Diario de un viaje inolvidable [Escritos encontrados]

                                                                    Para Max, compañero de viaje y piloto de sus sueños

    Oda de la piña quemada

Brota de la espuma del mar,
mar espumante,
se acercó a la orilla,
orilla cercana,
se transformó en arena,
arena transformada,
se vistió de fuego,
fuego vestido.
voló a las estrellas,
estrellas voladoras.

Pero al fin salió,
detrás del mar,
detrás de la orilla,
detrás de las nubes,
detrás del fuego.

Con su eterna sonrisa
iluminó este aire,
esta orilla, este fuego,
este mar ... a mí.

Libélulas de un ala
revolotean sobre mí,
sobre lo que ahora soy
un montón de cenizas.


    Noche de muelle
Sentado en el muelle,
oscura noche,
la silenciosa y eterna compañía
nos rodeaba.

Los vapores de miles de plantas
tomaban nuestras cabezas
y ya no estabamos,
pero estabamos más que nunca.
¿Dónde queda el cielo?
¿Sobre las montañas, bajo ellas?
Ahora lo tenemos preso
ya no es de nadie
(sólo nuestro)

Mientras el fuego consumía
las maderas muertas,
el suelo nos absorbía
(a nosotros)
y ya no nos dejó escapar.


    Chachín

El oxígeno entraba rápido,
casi con violencia,
y mi desacostumbrado cuerpo
sólo quería parar.

Y apareció

en medio de una gran marea verde,
ese celeste que inundó mi alma.

He visto cielos, mares y océanos;
pero nunca un color penetró tan profundo.

Ahora mientras mi cuerpo cae,
soy viento, que besa la cascada.