domingo, 23 de agosto de 2020

Algo extrañado ...

Escribo así, lleno de tierra en los pies y en la cara. Polvos de muchos colores que me invaden desde adentro.
Casi vuelo, rasante. Alto.

Paro un rato y corrijo.
No me convence esto: lo pienso saliendo y no sé si aún lo entiendo.

Vuelvo a parar en un rato.

Ahora lo miro de nuevo, un poco más atento. Pienso en otros formatos, pienso en otros momentos de este fluir de voces, mecanismos gráficos y gramaticales de memoria.

Me vuelvo a distraer.

Quiero empezar a ver cuando va a ser bueno terminar. Mientras vivo otras vidas, otros alientos, otros gritos.
Busco la manera de ocultar lo que nadie sabe y lo cifro, lo disfrazo de algo poético.
Y a la vez me voy a otro lugar. Navego de muchas formas: literalmente, virtualmente, mentalmente. Mente, mente e insistentemente mente.
Las comillas me molestan y las tiro en algún lugar que desaparezcan que no se puedan encontrar: " sin cuerpo no hay crimen"

Otra distracción. 

Vuelvo.

Y vuelvo a revisar. Y pienso todo en plural. Y considero no modificar lo que emerja. Así, con conjuntos inconexos y que contradigan los principios que hasta poco tiempo eran más rígidos, antes de poner los pies en esa tierra. Blanca y calidad quema.
Y por esto último decido poner un punto final para ésta decisión irreverente, jugando a no tener condiciones prefijadas.
Un poco de ilusión.

Ansias por la luz, que lo destruye y lo construye.

Sigo poniéndome extraño, me desconozco. Me veo de afuera, de algún lugar no muy lejano.
Por suerte se va ir, me voy a ir. Y no me preocupa otra mirada: ni por miedos ni por impedir la fuga.

Vuelvo. 

Doy vuelta la página, dejando algunas ocultas a las miradas reorientadas, ávidas de la velocidad, ávidas de llegar a la conclusión.
Me mareo en la creación del laberinto. 

Lo único que codicio es no convertirlo en un zing-zag más del camino, de la ruta que muchas veces pretendí  afrontar pero no encontraba el empujón propio que me saque del borde.

Entonces empiezo a caminar. En sandalias, creo. O descalzo. O no importa. Hasta la próxima página o hasta en nuestros próximos encuentros. O hasta nuestras mutaciones.
Todo en una misma nota.

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