Casi vuelo, rasante. Alto.
Paro un rato y corrijo.
No me convence esto: lo pienso saliendo y no sé si aún lo entiendo.
Vuelvo a parar en un rato.
Ahora lo miro de nuevo, un poco más atento. Pienso en otros formatos, pienso en otros momentos de este fluir de voces, mecanismos gráficos y gramaticales de memoria.
Me vuelvo a distraer.
Ahora lo miro de nuevo, un poco más atento. Pienso en otros formatos, pienso en otros momentos de este fluir de voces, mecanismos gráficos y gramaticales de memoria.
Me vuelvo a distraer.
Quiero empezar a ver cuando va a ser bueno terminar. Mientras vivo otras vidas, otros alientos, otros gritos.
Busco la manera de ocultar lo que nadie sabe y lo cifro, lo disfrazo de algo poético.
Y a la vez me voy a otro lugar. Navego de muchas formas: literalmente, virtualmente, mentalmente. Mente, mente e insistentemente mente.
Las comillas me molestan y las tiro en algún lugar que desaparezcan que no se puedan encontrar: " sin cuerpo no hay crimen"
Otra distracción.
Busco la manera de ocultar lo que nadie sabe y lo cifro, lo disfrazo de algo poético.
Y a la vez me voy a otro lugar. Navego de muchas formas: literalmente, virtualmente, mentalmente. Mente, mente e insistentemente mente.
Las comillas me molestan y las tiro en algún lugar que desaparezcan que no se puedan encontrar: " sin cuerpo no hay crimen"
Otra distracción.
Vuelvo.
Y vuelvo a revisar. Y pienso todo en plural. Y considero no modificar lo que emerja. Así, con conjuntos inconexos y que contradigan los principios que hasta poco tiempo eran más rígidos, antes de poner los pies en esa tierra. Blanca y calidad quema.
Y por esto último decido poner un punto final para ésta decisión irreverente, jugando a no tener condiciones prefijadas.
Un poco de ilusión.
Ansias por la luz, que lo destruye y lo construye.
Sigo poniéndome extraño, me desconozco. Me veo de afuera, de algún lugar no muy lejano.
Por suerte se va ir, me voy a ir. Y no me preocupa otra mirada: ni por miedos ni por impedir la fuga.
Vuelvo.
Y vuelvo a revisar. Y pienso todo en plural. Y considero no modificar lo que emerja. Así, con conjuntos inconexos y que contradigan los principios que hasta poco tiempo eran más rígidos, antes de poner los pies en esa tierra. Blanca y calidad quema.
Y por esto último decido poner un punto final para ésta decisión irreverente, jugando a no tener condiciones prefijadas.
Un poco de ilusión.
Ansias por la luz, que lo destruye y lo construye.
Sigo poniéndome extraño, me desconozco. Me veo de afuera, de algún lugar no muy lejano.
Por suerte se va ir, me voy a ir. Y no me preocupa otra mirada: ni por miedos ni por impedir la fuga.
Vuelvo.
Doy vuelta la página, dejando algunas ocultas a las miradas reorientadas, ávidas de la velocidad, ávidas de llegar a la conclusión.
Me mareo en la creación del laberinto.
Lo único que codicio es no convertirlo en un zing-zag más del camino, de la ruta que muchas veces pretendí afrontar pero no encontraba el empujón propio que me saque del borde.
Entonces empiezo a caminar. En sandalias, creo. O descalzo. O no importa. Hasta la próxima página o hasta en nuestros próximos encuentros. O hasta nuestras mutaciones.
Me mareo en la creación del laberinto.
Lo único que codicio es no convertirlo en un zing-zag más del camino, de la ruta que muchas veces pretendí afrontar pero no encontraba el empujón propio que me saque del borde.
Entonces empiezo a caminar. En sandalias, creo. O descalzo. O no importa. Hasta la próxima página o hasta en nuestros próximos encuentros. O hasta nuestras mutaciones.
Todo en una misma nota.
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